Hablemos

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Origen de la terapia

La terapia de Aceptación y compromiso (en adelante ACT) es una terapia de tercera generación. Esto quiere decir que difiere de la clásica terapia cognitivo conductual (en adelante TCC), y nace dentro de un marco de terapias novedosas que enfocan el trastorno psicológico de otra manera. La diferencia principal entre ambas terapias es el lugar en que sitúa el dolor en nuestras vidas, es decir, la clásica TCC trabaja con el paciente para tratar de eliminar el dolor de su vida y sustituye los pensamientos negativos por pensamientos positivos, por tanto, pretende que el paciente viva en una irrealidad de positividad que no existe. Los cambios que esta terapia provoca en el paciente son efectivos a corto plazo: el paciente consigue sentirse mejor en cuanto pone en práctica lo aprendido en consulta, pero estos cambios no se sustentan el el tiempo porque ignora un parte fundamental en la vida, y esto es: el dolor y el sufrimiento.

La ACT nace al reconocer este déficit en las terapias clásicas cognitivo conductuales y enfoca la terapia desde un punto de vista totalmente distinto, de manera que vamos a escuchar a nuestro dolor, a identificar qué nos esta diciendo, para que, al ser conscientes de su mensaje, sepamos cómo actuar para mejorar nuestra vida.

Enfoque de la ACT

Como novedad, en el enfoque de esta terapia encontramos que, para la ACT, no existe todo el catálogo de trastornos que podemos encontrar en el DSM o la CIE (estos son los dos manuales sobre los trastornos mentales por los que se rigen los profesionales de la psicología y medicina para hacer diagnósticos), sino que todos los trastornos los reduce a uno: Trastorno de Evitación Experiencial (TEE).

Para entender todo esto digamos que el enfoque de las terapias clásicas que tratan de “evitar” el dolor generan comportamientos que logran su objetivo de manera inmediata, pero que luego producen un efecto rebote, porque la persona no deja fluir de manera natural sus sentimientos, sino que lucha contra ellos, lo que produce un desgaste al luchar contra lo que es natural. A largo plazo, produce una mayor insatisfacción, debido a la necesidad permanente de controlar tanto los eventos privados, como las circunstancias que los generan. Como consecuencia, la persona se aleja de aquello que quiere lograr en la vida.

Por tanto, para la ACT, una actitud saludable es que el paciente sea capaz de experimentar multitud de eventos privados considerados como negativos, sin la necesidad de cambiarlos, controlarlos o evitarlos.

La función del lenguaje en ACT

El ser humano emplea el simbolismo para dar significado a los objetos (A es igual B, distinto de C y opuesto a D) y lo hace mediante el lenguaje. Pensamos y entendemos el mundo mediante el empleo del lenguaje, ya sea oral, escrito o pensado. De manera que también podemos relacionar lo que sucede en nuestro entorno con lo que sentimos y hacemos y en base a esto generamos reglas.

Pero la experiencia es personal y por tanto las reglas también, de manera que ante un estímulo concreto cada ser humano aplica su propio significado y se sentirá y actuará de manera distinta al resto. En ocasiones, estas reglas que establecemos son negativas y no nos permiten avanzar porque nos aferramos a ellas como si fueran una verdad absoluta (Por ejemplo: “necesito ayuda para todo” o “soy una persona miedosa” o “ tengo mala suerte y todo me sale mal”). La ACT rompe esta conexión mediante lo que llama “desliteralización”. De manera que no tengamos estas reglas que actúan como cadenas y nos libera del peso del simbolismo que hemos asociado e interpretamos como inamovible.

Desamparo o desesperanza creativa

Para empezar, la ACT trata de hacer ver al paciente que lo que ha hecho para intentar solucionar el problema no ha servido y por ello debe actuar de manera diferente. Cuando siempre intentamos hacer lo mismo y esto no soluciona el problema lo vivimos con desesperación y nos sentimos desamparados, pero nos comportamos siempre de esta manera debido a las reglas mentales que hemos establecido, estas reglas no nos permiten comportarnos de otra manera, pero si rompemos las reglas seremos libres de comportarnos de manera diferente y así tendremos más posibilidades de salir de una situación que nos causa angustia.

La aceptación

La aceptación es “la adopción voluntaria de una postura intencionadamente abierta, receptiva, flexible y exenta de juicios en relación al momento presente”. Desde la ACT la aceptación no es un fin en sí mismo, sino que está encaminada a la acción. Esta posición de aceptación no significa una postura pasiva, o una postura de tolerancia, sino que nos permite abrazar las experiencias tal como son, voluntariamente.

La aceptación es un proceso voluntario de actitud abierta hacia la vida. Este proceso de aprendizaje gradual, que permite a los pacientes, experimentar lo presente de manera auténtica y abierta.

Debido a las limitaciones que supone la ansiedad en la vida diaria del individuo, la ACT se centra en enseñar a los pacientes a relacionar y convivir con los eventos privados aversivos de una manera diferente a la aprendida, otorgando una flexibilidad psicológica con el fin de apaciguar los intentos de control, que es, en definitiva, la manera de alimentar la ansiedad.

Técnicas de la ACT

La ACT emplea las metáforas para poder entender lo que nos ocurre. La metáforas permiten que el paciente conecte con sus problemas y comprenda aquello que el terapeuta quiere transmitirle. Pues, de alguna forma, el relato de historias sencillas favorece la comprensión y la adopción de otra perspectiva sobre lo sucedido.

Las metáforas les permiten a los pacientes observar y reconocer su sufrimiento desde otro enfoque, uno más centrado en la aceptación y la validación que en la resistencia y la evitación. De esta manera, y junto con otras técnicas y estrategias, la persona asume otro modo de afrontar sus dolencias

Algunas metáforas de la ACT

METÁFORA DEL TIGRE HAMBRIENTO

«Una mañana te despiertas y frente a la puerta de tu casa encuentras un adorable cachorrito de tigre. Lo adoptas y te lo quedas en casa.

Tu precioso tigre empieza a maullar y tú intuyes que siente hambre. Le das un pedazo de carne de hamburguesa y repites esta misma operación cada vez que lo escuchas llorar. Cuando pasados los días, tu mascota empieza a crecer, ya no puedes darle un poco de hamburguesa, sino que tienes que proveerle de costillares enteros y piezas grandes de buey».

Esto mismo es lo que ocurre con los pensamientos: crecen y crecen como el tigre cuanto más los alimentas, es decir, cuanto más valor les das. Así, les otorgas mayor poder y estos acaban controlando gran parte de tu vida.

METÁFORA DE LOS DOS ESCALADORES

«Imagina que somos dos escaladores que están subiendo por dos montañas diferentes pero enfrentadas. Yo puedo ver un camino por el que puedes subir, no porque conozca esa montaña, ni tampoco porque sea más inteligente; sino porque estoy situado en una posición diferente donde puedo ver cosas que tú no. Yo estoy escalando mi propia montaña y tú, llegado el caso, podrías hacerme indicaciones sobre el camino que me espera a mí. Mi única ventaja con respecto a ti durante la terapia será la perspectiva. Aunque hay cosas que yo no puedo saber sobre tu montaña; esas tendrás que contármelas tú. Asimismo, aunque yo te pueda aconsejar sobre el camino que veo, no subiré la montaña por ti. Por lo tanto, tú tendrás la tarea más difícil».

El objetivo de esta metáfora es explicar el rol del psicólogo dentro de la terapia y el contexto de la relación que se establecerá durante el tratamiento. En este caso, el terapeuta es un guía y un acompañante, pero nunca será el que solvente los problemas del paciente, pues es este último quien debe hacerlo.

METÁFORA DEL CALOR

«Los pensamientos, sensaciones y emociones negativas son como el calor: muy desagradables. Pero seguro que no te culpas de tener calor. Es molesto, pero sabemos que de vez en cuando hemos de pasar por eso, sobre todo en verano, y no le damos mayor importancia que esa, sino que asumimos que es algo natural e inevitable».

Esta metáfora es útil cuando la persona se culpabiliza de los pensamientos negativos que le aquejan. La idea es que reconozca que somos seres pensantes y que no podemos dejar de pensar.

METÁFORA DEL TANQUE DE TIBURONES Y EL POLÍGRAFO

«Imagina que estás sentado al borde de un tanque rodeado de tiburones y además estás conectado a un polígrafo sensible. Si el polígrafo detecta ansiedad el asiento donde estas sentado te dejará caer al tanque de tiburones así que debes evitar sentir ansiedad ¿qué crees que va a ocurrir?».

Esta metáfora es muy útil para aquellas personas que sufren ataque de pánico. Porque se empieza sintiendo un poco de ansiedad que no se está dispuesto a tolerar y, por tanto, se intenta evitar, esta evitación genera más ansiedad al comprobar que la ansiedad no disminuye y cada vez sentimos más ansiedad por sentir ansiedad. Acabamos en el tanque de los tiburones.

METÁFORA DEL HOYO Y LA PALA

«Te caes a un hoyo profundo y lo único con lo que cuentas para salir de ahí es con una pala. Como no sabes muy bien qué hacer y te desesperas, empiezas a usar tu pala.

Poco a poco, te hundes más en el hoyo, ya que al quitar tierra, este se hace más profundo y a ti te es mucho más difícil salir. ¿No hubiese sido mejor usar la pala de otra manera? ¿No podríamos haber esperado a que pasara alguien y nos ayudase a salir?»

Esto es lo que ocurre en la evitación experiencial. El ansia por salir del malestar provoca que nos enterremos aun más en ese malestar. Sin embargo, la aceptación del mismo podría ayudarnos a buscar estrategias alternativas. Puede que al principio tengamos que tolerar el sufrimiento, pero a la larga la solución será más beneficiosa. Cavar un pozo estando dentro de él es el camino directo para hundirse cada vez más.

METÁFORA DE LA GÁRGOLA

«Imagina que cargas una gárgola en tu hombro. Como las gárgolas son de piedra y, por lo tanto, pesadas hace que se te dificulte moverte para realizar cualquier tipo de actividad.

Además, te susurra al oído mensajes negativos, humillantes, y te culpabiliza de todo. Si te encuentras mal, la gárgola te afirma que así te sentirás siempre. Y lo peor, es que tú te crees todo lo que te dice.

En las próximas semanas deberás aprender a identificar cuáles son estos mensajes y reconocer que vienen de la gárgola. Es imposible no escucharla, pero si eres consciente de cuáles son sus mensajes, sabrás que estos son sus opiniones y dejarás de creerle.

Llegará un punto donde la gárgola gritará más para convencerte, no obstante, con el tiempo, si no se siente escuchada, tal vez se marche de tu hombro».

Por lo general, este tipo de metáforas se utiliza para que el paciente identifique sus creencias, pensamientos o ideas negativas que están afectando su manera de sentir, su autoconcepto y autovaloración. Resulta muy útil en personas con depresión y baja autoestima.

METÁFORA DEL ASNO Y EL GRANJERO

«Había una vez un granjero que tenía un asno muy viejo. Un día, el asno cayó al fondo de un pozo abandonado. El granjero cuando lo vio pensó que el asno era viejo y ya no podía realizar ningún trabajo en la granja. Por otro lado, el pozo se había secado hacía muchos años y, por tanto, tampoco tenía utilidad alguna. Entonces, el granjero decidió que enterraría al viejo asno en el fondo del pozo.

Cuando comenzó a palear tierra encima del asno, este se puso más inquieto de lo que ya estaba. No solo estaba atrapado, sino que, además, lo estaban enterrando en el mismo agujero que le había atrapado. Al estremecerse en llanto, se sacudió y la tierra cayó de su lomo de modo que empezó a cubrir sus patas. Entonces, el asno levantó sus cascos, los agitó, y cuando los volvió a poner sobre el suelo, estaban un poquito más altos de lo que habían estado momentos antes. Transcurridas unas horas el asno apisonó la última palada de tierra y salió del agujero que lo tenía atrapado. Es importante que nos demos cuenta de que el asno no podría haber salido del pozo de no ser por la misma tierra que amenazaba enterrarlo».».

Las paladas de tierra son como nuestros problemas, esos que nos entierran. Pero ¿y si hubiera alguna forma en la que, como el asno de la historia, pudieras encontrar la manera de pisotear tus dificultades? Si hubiera un modo por el cual las mismas cosas que ahora parecen estar amenazando la existencia pudieran en realidad usarse para elevarse, ¿podrías entonces alcanzar esa vida que tanto anhelas? Como vemos, el objetivo de esta metáfora es hacer notar cómo las dificultades de la vida pueden hacernos crecer como persona.

METÁFORA DE LA BARAJA DE CARTAS

«Imagina que estás jugando cartas y que te reparten una mano determinada. La partida que te dieron no es la mejor y no te gusta. Deseas tener otras cartas para jugar, pero no puedes. Ahora, reflexiona en lo siguiente, ¿qué te dará mayores probabilidades de éxito: jugar la mano que tienes o jugar la mano que te gustaría tener?».

La metáfora de la baraja de cartas nos invita a aceptar lo que no podemos cambiar y a sacarle el mejor partido a lo que ya tenemos. En ocasiones, perdemos el tiempo y la energía al intentar vivir como si tuviéramos lo que nos gustaría poseer. Es decir, jugamos con el mazo de cartas que no nos han repartido. Y perdemos porque no vivimos de acuerdo a lo que yace frente a nuestros ojos.

METÁFORA DE LA PELOTA EN LA PISCINA

«Imagina que estás en una piscina y que en ella flota una pelota que te incomoda y no te gusta ver. Intentas con todas tus fuerzas sumergirla, pero apenas la sueltas emerge a la superficie nuevamente. Luchas por mantenerla debajo del agua, ahí donde no la veas, sin embargo, todos tus esfuerzos son en vano porque sigue apareciendo una y otra vez ante tus ojos».

Esta metáfora es un instrumento para que el paciente tome consciencia de que la resistencia no es una buena estrategia para lidiar con lo desagradable. En lugar de desperdiciar recursos y tiempo luchando contra lo que no se puede cambiar, es mejor usar esa energía para comprometerse con la propia vida.

METÁFORA DE LA TORTUGA TEMEROSA

«Imagínate una tortuga que se dirige hacia su cueva, donde están sus crías. Pero la tortuga, cada vez que llueve, cuando sopla el viento, cuando se topa con piedras, se mete en su caparazón.

A veces sale del caparazón, avanza un poco, pero en cuanto ocurre algo inesperado a su alrededor (aparece una mariposa, ve un relámpago…) se mete dentro del caparazón… ¿Crees que de esta forma puede alcanzar lo que pretende?».

Con esta metáfora, los paciente entienden que para conseguir lo que quieren deben comprometerse con el camino, con avanzar, a pesar de las dificultades y obstáculos que se puedan ir presentando al andar.

METÁFORA DEL CONDUCTOR DE AUTOBÚS

«Imagínate que eres el conductor de un autobús con muchos pasajeros. Los pasajeros son pensamientos, sentimientos, recuerdos y todas esas cosas que uno tiene en su vida. Es un autobús con una única puerta de entrada, y sólo de entrada. Algunos de los pasajeros son muy desagradables y con una apariencia peligrosa.

Mientras conduces el autobús algunos pasajeros comienzan a amenazarte diciéndote lo que tienes que hacer, dónde tienes que ir, ahora gira a la derecha, ahora vete más rápido, etcétera. Incluso te insultan y desaniman: “eres un mal conductor”, “un fracasado”, “nadie te quiere”…

Tú te sientes muy mal y haces casi todo lo que te piden para que se callen, se vayan al fondo del autobús durante un rato y así te dejen conducir tranquilo. Pero algunos días te cansas de sus amenazas, y quieres echarlos del autobús, pero no puedes, discutes y te enfrentas con ellos.

Sin darte cuenta, la primera cosa que has hecho es parar, has dejado de conducir y ahora no estás yendo a ninguna parte. Y además los pasajeros son muy fuertes, resisten y no puedes bajarlos del autobús.

Así que, resignado, vuelves a tu asiento y conduces por donde ellos mandan para aplacarlos. De esta forma, para que no te molesten y no sentirte mal, empiezas a hacer todo lo que le dicen y a dirigir el autobús por dónde dicen para no tener que discutir con ellos ni verlos. Haces lo que te ordenan y cada vez lo haces antes, pensando en sacarlos de tu vida.

Muy pronto, casi sin darte cuenta, ellos ni siquiera tendrán que decirle “gire a la izquierda”, sino que girarás a la izquierda para evitar que los pasajeros se echen sobre ti y te amenacen. Así, sin tardar mucho, empezarás a justificar sus decisiones de modo que casi crees que ellos no están ya en el autobús y convenciéndote de que estás llevando el autobús por la única dirección posible.

El poder de estos pasajeros se basa en amenazas del tipo “si no haces lo que te decimos, apareceremos y haremos que nos mires, y te sentirás mal”. Pero eso es todo lo que pueden hacer.

Es verdad que cuando aparecen estos pasajeros, pensamientos y sentimientos muy negativos, parece que pueden hacer mucho daño, y por eso aceptas el trato y haces lo que le dicen para que le dejen tranquilo y se vayan al final del autobús donde no les puedas ver. ¡Intentando mantener el control de los pasajeros, en realidad has perdido la dirección del autobús! Ellos no giran el volante, ni manejan el acelerador ni el freno, ni deciden dónde parar. El conductor eres tú.»

Esta metáfora se entiende muy bien. Habla de cuando nos dejamos llevar por nuestros eventos negativos y nos esforzamos por que no nos influyan pero, paradójicamente, provocamos el efecto contrario, manejamos nuestra vida en función de esos sentimientos que queremos evitar. Sin darnos cuenta de que nosotros somos los que decidimos y mandamos en ese autobús, nosotros somos los que les damos poder a esos sentimientos negativos y se lo podemos quitar igual que se lo hemos dado.

La terapia de aceptación y compromiso es tremendamente interesante y novedosa, además de muy efectiva. Tiene una ideología y forma de ver la vida asociada que hace mucho bien a todo aquel que tiene la suerte de conocerla y aplicarla. El el centro de Psicología PsiquePuedes estamos especializados en terapias de última generación, donde trabajamos con la terapia de aceptación y compromiso entre otras. Si quieres conocerla y experimentar los beneficios de esta terapia no dudes en llamarnos o escribir al 614126543 o contacta por correo electrónico a laura@psiquepuedespsicologia.es y te atenderemos encantados.

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